sábado, 15 de noviembre de 2014

La Vela del Marino, exvoto monumental en el cerro del Tepeyac: Ex Voto Donatum.

   De sobra sabemos que los primeros años de nuestras vidas son los años de formación. En mi caso esa formación fue, del lado materno, viviendo todo tipo de abundantes tradiciones religiosas, que iban de nutridos rezos, de frases repetidas una y otra vez, de invocaciones de Santos, de la continua mención de Santa Rita, patrona de las causas difíciles; del San Ramón, conjuro emitido para evitar las habladurías, de cruces con cuchillos al aire para librarnos de una tempestad, de rocío de agua a las doce del medio día para mitigar la sed de la Ánimas del Purgatorio, de pago de mandas al santuario de la Virgen de San Juan y de la entrada, casi espectacular a la Basílica de Guadalupe en aquellos tiempos en que la fe iba de la mano de los sacrificios físicos y de las punciones corporales.

   De todo eso fui testigo presencial, en el Santuario de San Juan de los Lagos vi una y otra vez los retablos que contaban historias quasi fantásticas en las que, gracias a una intervención divina la gente se libraba de salir afectada de una enfermedad, de un accidente carretero, de un machetazo, de un balazo, incluso de un regaño. Eran historias que iban de lo verosímil a lo inverosímil con gran facilidad, fue entonces que descubrí que esas pinturas plasmadas igual en cartón que en una hoja de cuaderno o en un lámina o en un triplay eran los Ex votos, encontré en ellos un encanto difícil de explicar, una cosa entre lo mágico y lo absurdo, entre lo celestial y lo terráqueo, ahora puedo afirmar que uno de los exvotos más antiguos que hay en México y si no el más antiguo si el de mayor tamaño está en la Villa de Guadalupe, justo en mitad del mítico Cerro del Tepeyac.

   "Combatido un buque por un fuerte temporal, perdido el timón el rumbo y toda la esperanza de salvarse la tripulación, ésta invocó todas veras a la Santísima Virgen de Guadalupe, haciéndole presente que si quedaba salva, la traerían a presentar a su Santuario el palo de la embarcación cual se encontraba. La Santíssima Virgen, oyó piadosa los ruegos de sus hijos y la destrozada nave pudo entrar salva a poco tiempo al puerto de Veracruz. La tripulación cumplió su promesa, trayendo en hombros el conjunto de palos del navío hasta el Santuario y colocando su ofrenda dentro de esta construcción de piedra para defenderlo de las injurias del tiempo".

   Recuerdo haber visto esta vela en mitad del recinto guadalupano y no le encontraba sentido, fue hace poco que leyendo la estupenda obra de La vida cotidiana en México, en el tomo relacionado al siglo XVII, se menciona algo sobre el viaje de un virrey, no recuerdo cuál de ellos, el era uno de los varios que dejaban el cargo en Nueva España para ir a tomar el del Perú, viajaban de Acapulco al Callao y allí se mencionaba sobre este monumental ex voto que unos marinos, no en esa travesía sino en una entre España y México, ya en el mar de las Antillas, enfrentaron la tormenta tropical y pudieron salvarse. Como acción de gracias a la Virgen de Guadalupe, llevaron el palo mayor de la nave a colocarlo en el Tepeyac y allí construyeron una especie de réplica o alegoría a esa nave.

   Al paso del tiempo el mástil perdió su vigor y el monumento se vino abajo en 1914 al corroerse la madera, sería luego reconstruido en 1942 bajo la dirección del Ing. Gustavo Durón González, es el que ahora admiramos. Se dice que este tipo de ex votos son del tipo "Ex Voto Donatum", es decir, donado por promesa. Hay una pequeña discrepancia, ya que en el Museo del Ferrocarril del Tepeyac da la fecha del derrumbe en 1914, mientras que en la placa del monumento dice que fue en 1916.

   "La Vela del Marino. Ex voto de fines del siglo XVIII que se atribuye al maestro de Arquitectura Don Francisco Antonio Guerrero y Torres derribada por el viento el 24 de mayo de 1916. Fue reconstruida el 13 de agosto de 1942 por manda de la Sra. Dña. Aurora Hubert González en homenaje a Ntra. Santa Madre la Virgen de Guadalupe".

Una manda cumplida, que luego, por acción de otra manda, fue reconstruido el monumento y así lo podemos seguir admirando... insisto, la fe si mueve montañas, también construye y reconstruye monumentos.


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