martes, 13 de octubre de 2009

La fascinante historia de Sir Edward James y su castillo en Xilitla, SLP.

Tenemos en México una cantidad tan grande de lugares que encierran una historia, que no tiene que ser precisamente antigua, que al recorrer el país nuestro asombro va en crescendo pues dejamos una maravilla atrás para toparnos con otra maravilla más. No podemos decir que una cosa es mejor que la otra pues cada una conserva características distintas y fue creada por motivos diferentes, tal es el caso de Xilitla, San Luis Potosí, enclavada en la Sierra Madre Oriental, en lo que denominamos la región Huasteca.

Los huastecos, como todos los pueblos sometidos al Imperio Azteca debían pagar un tributo, seguramente este lo hacían con plumas, lo supongo ya que las condiciones selváticas de Xilitla son el hábitat perfecto para la proliferación de aves de plumajes coloridos. Los españoles, en su afán de encontrar más y más tesoros trazaron rutas hacia el norte del país y Xilitla fue el paso de las tropas que se dirigieron a lo que ellos llamaron la Nueva Santander, en lo que es actualmente el estado de Tamaulipas.

Fueron los Agustinos quienes fundaron un convento, que más que convento era como una fortaleza pues la zona era totalmente desconocida y no sabían si los nativos los recibirían con agresiones, el proyecto no tuvo éxito, el convento fue abandonado y la selva siguió creciendo, pocos habitantes quedaron en la zona y la jungla continuó prosperando.

Pasó el tiempo, muchos años, Xilitla seguía siendo una pequeña aldea prácticamente perdida en la inmensidad de la Huasteca y casi desconocida para la mayoría de los mexicanos. Era la época de reminiscencia Victoriana en Inglaterra y el apogeo Porfiriano en México, finales del siglo XIX, los ferrocarriles eran el sistema de comunicación mas moderno del mundo y en los Estados Unidos una persona se encargaba de proveer todos los rieles necesarios, es decir, miles de kilómetros de fierro que le produjo una fortuna tal que lo ubicaba como uno de los hombres mas ricos del planeta, William James.

La estricta sociedad inglesa estaba bajo el mandato del rey Eduardo VII, hijo de Victoria I, quién tuvo una hija fuera del matrimonio, Elizabeth Evelyn Forbes y que mas adelante casaría con William James, yéndose a vivir a un enorme castillo en Graywalls, Escocia. Ellos procrean cuarto hijos, siendo el cuarto el primer hombre, fue nombrado Edward Frank Willis James, conocido después como Sir Edward James. Siendo él el heredero de la dinastía, su educación se torna tormentosa bajo los más estrictos cánones de disciplina, cosa que rechaza desde un principio. Su niñez y adolescencia la pasa en internados bajo las más severas reglas de comportamiento.

Europa se ve oprimida por la Primera Guerra Mundial, sin embargo comenzaban a florecer las primeras tendencias dentro del surrealismo, para los años treinta Edward James había definido muy bien su interés por las artes plásticas y la poesía, conoce a Salvador Dalí quién lo introduce con los artistas españoles que luego formarían la generación del 27. James se vuelve, en buena medida, mecenas de Dalí, se traslada a Nueva York con la intención de difundir la tendencia Surrealista en los Estados Unidos, patrocina el Pabellón denominado El Sueño de Venus para la Feria Mundial de Nueva York en 1939 en donde surgen problemas con el artista catalán y termina allí la relación armoniosa que habían conservado hasta ese momento.

Las posibilidades económicas de Edward James eran tales, que decide irse a vivir a Los Ángeles, en donde adquiere distintas propiedades, sin perder el contacto que tenía por todo el mundo con artistas del calibre de Igor Stravinsky, René Magrit, Luis Buñuel y Leonora Carrington, por mencionar solo algunos y es precisamente con ésta última, la pintora Carrington que ya vivía en México, que decide visitarla en el lugar del que tantas cosas le platicaba por su belleza, tranquilidad y clima: Cuernavaca.

Como bon vivant que era, Edward James llega a México con la intención de visitar a la pintora Carrington, su correspondencia sigue siendo nutrida, no importa el lugar en donde se encuentre y fue esa una de las casualidades que produjo una intensa amistad que lo llevó a conocer lo que luego llamaría Jardín del Edén, su Edén…

Mañana te contaré el resto de la historia. Las fotografías las tomé en el camino que va del pueblo de Xilitla al Castillo de Sir Edward James, te dejo unas pocas más.





4 comentarios:

  1. Que interesante artículo. Realmente me da una buena razón para visitar Xilitla.

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  2. AYER ME CONTARON UNA HISTORIA TOTALMENTE DIFERENTE, QUE EDWARD ERA EL HIJO BASTARDO, Y DE BB ENVIADO A UN CONVENTO EN MEXICO, Y ISABEL I LE COMPRO SU PARTE PARA TENER LA CORONA, Y EL POR UN GRAN AMOR REGRESO A XILITLA Y YA NO LO ENCONTRO, Y POR ESO CONSTRUYO ESO..........

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  3. Sii yo tambien eso me contaron unos compadres que son de xilitla y visitamos el lugar en 1995....muy bonito e interesante.

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  4. hola yo acabo de visitar el castillo y las pozas están hermosas para visitar te relaja muy bien es fascinante caminar por los pasillos los cuales comunican a todo el paraíso de las construcciones se los recomiendo carretera esta muy bien y la vida es muy muy tranquila

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