lunes, 30 de marzo de 2015

El convento de la Purísima Concepción en Otumba, Estado de México.

   Nos salimos un poco de la ruta del Camino Real de Tierra Adentro para irnos al oriente a una partecita del otro Camino que fue el primero y, seguramente, el de mayor importancia, pues era el que unía a la ciudad de México con Veracruz, sitio por donde cruzaba la mercancía llegada de Europa que sería, luego de su paso por la capital del virreinato, remitida a las ricas ciudades mineras del norte, es decir de la tierra-dentro. Estamos en Otumba.

   Hace un par de años me dirigía a Tepeapulco, con la intención de conocer el convento franciscano que hay allí, eso es en el estado de Hidalgo, para llegar allá hay que ir a la Central del Norte, una vez dentro, caminar a la izquierda hasta la última taquilla, ahí están los que salen a Teotihuacán que luego continúan a Tepapulco y otros destinos de Hidalgo, luego de pasar cerca de la zona arqueológica se pasa por Otumba, el nombre nos es familiar por la batalla que allí se libró antes de la Conquista, ahora que lo programamos, hacemos el mismo recorrido pero con bajada en Otumba.

   Hay otro dato que va asociado a Otumba, que es la residencia que hizo allí el padre Tembleque, el creador del acueducto, portento de ingeniería hidráulica en Nueva España, y, por si esto no fuera poco, aunamos que, también en el virreinato, Otumba se volvió un sito importantísimo, dado que era escala del virrey entrante que, luego del largo recorrido desde Veracruz rumbo a la ciudad de México y sus varios recibimientos en Jalapa, Puebla y Tlaxcala, fue en Otumba en donde recibía el bastón de mando en solemne y pomposa ceremonia.

   Habrá que aclarar que el bastón se entregó durante algún tiempo, creo poco más de un siglo, en San Cristóbal Ecatepec, pero luego esa logística novohispana decidió que era mejor entregar el bastón en Otuma para continuar a Guadalupe y en el santuario hacer la gran solemnidad que era el preámbulo a la apoteósica entrada del nuevo virrey a la ciudad de México. Así que con todos esos antecedentes llego al lugar esperando encontrar los más elaborados vestigios de la obra virreinal y, lo que hay allí es un convento que guarda su templo, su capilla abierta, el aljibe de aquel monumental acueducto del padre Tembleque y nada más.

   Con esto no quiero decir que la visita a Otumba no valga la pena, claro que sí, pero nada de virreyes y entradas fastuosas veremos, en cambio, el templo que allí hay, dado que el convento ya no existe, nos dice de que, si mal no recuerdo, construido en 1535, se coloca dentro de los más añejos de Nueva España, por lo tanto, los elementos del plateresco que notamos en su portada, son magníficos.

   Una pintura llamó mi atención grandemente, se trata de una Guadalupe custodiada por los cuatro fundadores de las principales órdenes religiosas llegadas a México, vale la pena admirarla con detenimiento, así mismo la columna que hay, solitaria en el atrio, (foto anterior) que es lo único que queda de un antiguo palacio ¿o templo?, considerando que no muy lejos de allí se levanta el más grande vestigio de todo el periodo precortesiano: Teotihuacán, podemos bien imaginar su procedencia o sus antecedentes. Y ni que decir de la pila bautismal con incrustración de talavera.

   Hay algo más que debemos observar con atención, su capilla abierta, la cual es distinta a todas las que hemos podido ver en este andar por México. Su forma es la misma, un arco hundido, en el que hay, o hubo un altar en el que se oficiaba, pero aquí el habitual portal de peregrinos se integra a la capilla abierta, creando un espacio totalmente distinto a todas las demás.

   Si organizas bien tu visita a Otumba, tendrás mucho que ver, en el centro, frente a la plaza, hay un museo, con una extraordinaria tienda al modo del siglo XIX, no lejos de allí hay otro convento, dicen que de dimensiones reducidas, no lo conocí, y, lo mejor, en las cercanías está un pueblo en el que, una vez estando allí, puedes llegar caminando hasta el majestuoso Acueducto de Tembleque, y ni que decir de la cantidad de pueblos que hay a la redonda, en cada uno de ellos hay algo que ver y si coincides con la fiesta patronal aquello será de lo más interesante.










(A esta pintura me refiero.)






























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