lunes, 16 de marzo de 2015

La desecación de lagos en el Valle de México, el caso de Netzahualcóyotl.

   Esta impresionante historia comenzó hace mucho tiempo. Datos hay pero, como se entreteje con una leyenda, de pronto dudamos si fue o no fue cierta, pues hay en la actualidad quien dice que aquello del "águila parada sobre un nopal devorando una serpiente" no fue cierto y queda en mera leyenda. Leyenda que nos da una identidad tan grande como grande es el Escudo Nacional que refleja la escena a la que debemos agregar las tunas del nopal, las Nochtli, nochtli que diera nombre a la capital del Imperio Azteca: Tenochtitlán. Leyenda a la que se une un lago, o varios lagos, cinco para ser precisos y que, quizá sea de allí que hay la asociación entre el ombligo, el centro y México. Pero no caigamos en filosofías, lo de hoy trata sobre el abrumador número de 17,500 (numero redondeado) que es la densidad poblacional del municipio de Netzahualcóyotl, al oriente de la ciudad de México, junto al actual Aeropuerto y asentada en lo que fuera parte del Vaso del Lago de Texcoco.

   Cuando nos metemos a ver los números que la demografía arroja quedamos sorprendidos. El caso es claro en Netzahualcóyotl y, creo, también en Cancún; municipios totalmente disímbolos pero que nos hablan de una misma necesidad, la de encontrar trabajo y lugar en donde vivir. Hago la comparación de estas dos poblaciones, porque ambas mantuvieron en algún momento cifras históricas, cifras récord en el crecimiento del número de sus pobladores: el 18% de incremento anual. Netzahualcóyotl no lo conozco, lo he visto desde el aire, cuando los aviones despegan en dirección oriente y van al occidente de la ciudad de México, es abrumador lo que se ve desde el cielo, me imagino lo que ha de ser estar en tierra, en esa tierra que fue, en algún momento un cuerpo de agua. De allí que la historia del municipio de Netzahualcóyotl sea tan interesante.

   Agonía de los lagos, ha sido llamada en una bella metáfora, el fenómeno de la reducción lacustre. Aquellos viejos lagos que caracterizaban el paisaje del Valle de México, como los de Xaltocan, San Cristóbal y Chalco fueron desapareciendo paulatinamente tanto por fenómenos naturales como por la acción del hombre. Así también el gran lago de Texcoco y el de Xochimilco. En cierta manera, el hombre planeó sistemáticamente la desaparición de los lagos del Valle. La acción humana en el intento de transformar su “hábitat” dirigiose a eliminar, reflexiva o inconscientemente, a aquella región lacustre.

   Se cumple en el caso del Valle de México y, particularmente, en las poblaciones que crecieron a la orilla del Lago de Texcoco, aquel principio de ecología –ciencia que estudia las relaciones de los organismos con su ambiente- enseña a reconocer cómo la explotación impropia o despilfarro de los recursos naturales, es la causa principal del deterioro del medio ambiente. Este deterioro fue, en cierto modo, consecuencia de la necesaria subsistencia del hombre ya que, si en un principio tuvo que adaptarse a su medio físico, más tarde, en una acorrelación dialéctica, habrá de modificarlo.

   La desecación de los lagos comenzará desde el siglo XVI. En realidad el desequilibrio ecológico natural y artificial de la Cuenca del Valle de México, se produce en esta época. Pero será propiciamente la acción de aquel medio físico. Los historiadores de la época advertían ya el fenómeno. Así Torquemada, escribía en su Monarquía Indiana: “Comenzó a menguar, según dice, y han sido en gran disminución las aguas desde entonces; y es en partes del norte y poniente está seca y enjuta, y la salida muy resuelta y encogida, dejando grandes playas secas y enjutas”

   Por otra parte, esta desecación de los lagos que tuvo un carácter progresivo y parcial es atribuible a la agricultura de chinampas practicada por los aztecas. Existe la opinión fundada de algunos especialistas, entre ellos, Angel Palerm, afirmando que los pueblos prehispánicos, asentados en la región de los lagos, poseyeron una tecnología adelantada en relación con los sistemas de irrigación y los de control hidráulico, por lo que la desecación lacustre podría ser resultado de la destrucción de esos sistemas de control hidráulico alternando con un largo periodo de sequía que predominaba durante cierta época en aquella región.

   Si a lo anterior se agrega, la extensión de la agricultura introducida por los españoles, la tecnología empleada, además, la deforestación y el pastoreo, todo ello, se aúna para contribuir a provocar en forma paulatina la sequía de aquella región y la desecación de los lagos. El hombre de la Cuenca del Valle ha de contemplar angustiado, cómo aquella región legendaria del Anáhuac –plano de jade, en la poesía de Netzahualcóyotl-, con el transcurso de los años desaparecerá para hacer de aquella aglomeración humana, pueblos sedientos.

   La reducción inexorable del Lago de Texcoco habrá de continuar con el transcurso de los años, tanto por la desecación natural de la Cuenca del Valle, como la intervención reflexiva del hombre. Las aguas del vaso se limitaron considerablemente. Una gran superficie de tierra quedó al descubierto al reducirse el líquido que lo contenía. Estéril e improductivas, como consecuencia de aquel suelo satura de salitre y otras materias orgánicas que impedían todo cultivo agrícola. El agua salobre del lago inutilizó todas las tierras comprendidas a su alrededor. Condenadas al infortunio y a la desesperanza, en aquellas despiadadas planicies, pronto habría de aparecer la irresponsable especulación de terrenos, tanto privado, como oficial.

   Al bajar de nivel las aguas del Lago de Texcoco iban a plantearse problemas constitucionales, legales y agrarios. Aquellas tierras, desde el punto de vista legal lanzaban una interrogante. ¿Era de propiedad particular? ¿Pertenecían a Chimalhuacán, el pueblo ribereño que durante mucho tiempo subsistió a costa y a expensas del lago? ¿Eran de propiedad Federal o de la Nación? Desde luego, fue Chimalhuacán, el que, en forma paulatina, ganó aquellos terrenos descubiertos y sus vecinos ocuparon prioritariamente el suelo de esa área, ocupación motivada fundamentalmente por la carencia de tierras para dedicarlas a la agricultura. Así con el tiempo, la mayor parte de esas tierras desecadas, ya por ocupación de hecho o por resoluciones presidenciales, han de pertenecer a Chimalhuacán. Y este pueblo, en heroica lucha por rescatar aquellas tierras calcinadas y salitrosas, inhóspitas y malignas ha de librar cruentas y apasionadas batallas para reivindicar un suelo que consideraba como suyo.

   Azarosa y dramática resulta la historia y los antecedentes de propiedad de terrenos desecados del Lago de Texcoco. Ya desde el año de 1912, la Secretaría de Fomento y Colonización e Industria habían declarado que las aguas del Lago de Texcoco eran de jurisdicción federal. En el año de 1917, el presidente de la República, Venustiano Carranza, ordena el deslinde y mensura de las tierras que formaron el Vaso del Lago de Texcoco para definir la propiedad que debería de corresponder a la Nación. Después, en 1919, se dicta un acuerdo Federal cuya importancia y trascendencia debería haberse tomado en cuenta para el futuro. Este acuerdo declara que los terrenos propiedad de la Nación, que formaron el Vaso del Lago de Texcoco en sus tierras desecadas no son destilables a la Colonización y otros fines de interés general, ni a reservación para bosques, por no ser adecuados para ello, debiendo proceder a su fraccionamiento para fines agrícolas en lotes para su venta o arrendamiento a particulares y, desde luego, se autorizaba a la Secretaría de Agricultura y Fomento, para la venta y arrendamiento de los mismos. El precio de venta por cada hectárea sería a razón de $60.00 pesos.

   Años más tarde, con fecha 8 de abril de 1922 fueron declarados de propiedad nacional las aguas de los cauces, barrancas, arroyos, ríos y lagunas comprendidos dentro del Valle de México. Habiéndose medido los terrenos desecados que formaron el Vaso del Lago de Texcoco y definida la propiedad que sobre dichos terrenos correspondía a la Nación, por diversos acuerdos se reiteró la venta o arrendamiento de esos terrenos de propiedad Nacional, en lotes de 10 a 20 hectáreas y a un precio de $ 30.00 pesos.

   Por acuerdo del 20 de agosto de 1922, fue declarada de utilidad pública la bonificación de los terrenos de Lago de Texcoco y en el acuerdo de abril de 1929 el Ejecutivo Federal autorizó su venta a los particulares al precio de $1.00 peso  por cada hectárea; para dar todavía mayores facilidades el propio Ejecutivo expidió el Decreto del 2 de octubre de 1931 facultando a la Secretará de Agricultura para arrendar las tierras por una renta anual de 0.25 centavos por hectárea, aumentándose el número de las que podía poseer cada solicitante, quedando excluidos esos bienes de la afectación al pago de la deuda pública. En dicho acuerdo, se hablaba de que a fin de mejorar la salubridad pública de la ciudad de México y evitar las tolvaneras que constantemente abaten al Distrito Federal, causa principal de un gran número de enfermedades del aparato respiratorio que sufren sus habitantes, se hacía necesario ejecutar obras interiores del Vaso del Lago de Texcoco y las extensiones proyectadas por una Comisión Técnica del Parque Agrícola de la ciudad de México, declarándose que los terrenos desecados y los que a futuro se desequen, serían vendidos en lotes que no excederían de 40 hectáreas y el precio de venta sería de $1.00 pesos la hectárea.

  Como consecuencia de lo anterior, el Gobierno Federal, otorgó títulos de propiedad correspondientes a terrenos nacionales y en esta forma varios particulares, nacionales y extranjeros, políticos influyentes y algunos militares, se beneficiaron con las autorizaciones concedidas, tanto por la Secretaría de Agricultura y Fomento, como la Dirección de Terrenos Nacionales aun a pesar, de que con fecha 28 de marzo de 1938, el Ejecutivo Federal declaró nulas las titulaciones hechas sobre terrenos nacionales provenientes de la desecación del Lago de Texcoco. Posteriormente se dispuso que los trabajos y obras de bonificación de los terrenos del Lago de Texcoco quedaran a cargo de la Secretaría de Recursos Hidráulicos, con exclusión de cualquier otro organismo oficial, con la salvedad de que en todo caso, debería respetarse los títulos de propiedad y los contratos de arrendamiento dados a particulares, siempre que dichos títulos y contratos hubieran sido legalmente otorgados.

   Como de las obras realizadas por el Gobierno Federal las aguas del lago continuaron bajando de nivel para dejar al descubierto considerables extensiones de terreno, se promovió nuevamente, en favor de particulares la titulación de una parte de los terrenos descubiertos y, en otros casos, se reconoció derechos de ocupación y propiedad también en favor expedido por la Federación, el 10 de julio de 1971, se fijan los nuevos límites del Vaso de Texcoco, en una superficie aproximada de 14,500 hectáreas y se acuerdan desincorporar del dominio público esos terrenos para destinarlos a la Secretaría del Patrimonio Nacional.

   Posteriormente y en fecha reciente, se autoriza a la Secretaría del Patrimonio Nacional para que enajene a título gratuito, en favor del Estado de México, los derechos que la Federación tenga sobre el área a que se refiere el Decreto Presiencial del 10 de julio de 1971, tomando en cuenta que el Gobierno del Estado de México se ha preocupado por resolver los múltiples problemas económicos y sociales que se presentan en esa zona.

   Como puede advertirse, las facultades otorgadas a los organismos oficiales para la venta y arrendamiento de esas tierras nacionales, propiciaron el tráfico y la especulación ilegal de esos terrenos. En el periodo que corresponde a los años de 1940 a 1955, da comienzo en esa zona, una etapa confusa y desordenada en materia de tenencia de la tierra, motivada fundamentalmente por la ambición y enriquecimiento ilegítimo de los especuladores que ofrecían, en forma engañosa, a las clases proletarias provenientes del campo y de la ciudad de México, vivienda barata y terrenos en venta fáciles.

    Estas disposiciones del Gobierno Federal, impregnadas en principio con un alto sentido social, se vieron desvirtuadas en sus fines, tanto por una burocracia irresponsable, como por la ambición monopolizadora de los acaparadores de esas tierras, ocasionando el inicio de la especulación inmobiliaria y la irregularidad de la propiedad en esa zona. En aquellos terrenos desecados del Vaso del Lago de Texcoco iban a coexistir, en forma desordenada y anárquica, la propiedad federal, la comunal, la ejidal y la particular, pertenecientes en su mayoría a extranjeros propietarios.

   Desde entonces los terrenos del ex Vaso del Lago de Texcoco iban a encontrarse divididos en seis zonas: I, II, III y IV comprendidas en los territorios que corresponderían más tarde al Municipio de Netzahualcóyotl; la V y parte de la VI localizadas dentro del Municipio de Ecatepec de Morelos. Ya en el año de 1953, se proyectaba crear una zona suburbana del Lago de Texcoco, sujeta a un plan de urbanización de tipo popular con vista a resolver el problema de la habitación de ese tipo en la ciudad de México.

   Así, del lago salobre urgió la tierra para convertirse en vil mercancía. Y de la confusión legal de la tenencia de la tierra, nuevos negociantes, traficantes de la tierra, principalmente extranjeros, habrán de monopolizar el suelo y convertir el derecho de propiedad en instrumento de explotación humana y medio de enriquecimiento ilícito. (1)

   Tremenda historia acabamos de leer. Todo esto me hace recordar la enorme necesidad que vieron los conquistadores al poco de haber fundado la ciudad española de México, justo en lo que era la capital de Impero Mexica, en una isla comunicada por calzadas en la que había un albarradón construido en el siglo XV por Netzahualcóyotl y que Cortés mando destruir para fin de pasar por allí los bergantines con los que asedió a la ciudad. La destrucción causada dejo en ruinas a Tenochtitlán y allí fue levantada la nueva ciudad, en mitad de un lago. Vendrían luego las inundaciones y la idea de cambiarla de lugar pero, como ya era mucho lo invertido en la construcción de casas, templos y palacios, se optó por una idea un poco descabellada: desecar los lagos.

   Uno a uno fueron desapareciendo, todavía al finalizar el siglo XIX existía un poco del lago de Xaltocan, un poco del de San Cristóbal, poco del de Xochimilco, Chalco y Texcoco. Porfirio Díaz autoriza la desecación del lago de Chalco, quedaría solamente el de Zempoala, es decir una parte de él. Creo que aquella frase de "el hombre es el lobo del hombre" aplica a la perfección en este caso.

De dice que el caso de Ciudad Netzahualcóyotl es de los más estudiados desde el punto de vista social, económico, antropológico... en este enlace va una serie de datos interesantes, la revista Letras Libres publicó un artículo sobre Netzahualcóyotl.  Otro artículo en el que te darás una mejor idea de lo sucedido en Netzahualcóyotl lo publicó la revista Polis.


Fuente:

1.- 1.- Huitron, Antonio. Netzahualcóyotl, miseria y grandeza de una ciudad. Libros de México. Toluca, 1975, pp.43-48

2 comentarios:

  1. Interesante artículo, pero creo que adolece de información sobre los verdaderos dueños de esos terrenos, sobre todo de la Comunidad de Hecho de Santa María Tulpetlac, quienes por mandamiento del Virrey Don García Sarmiento de Sotomayor, Conde de Salvatierra y Virrey de México en 1643 otorgó la dotación de tierras al Pueblo de Santa María Tulpetlac, en una extensión de terreno de 7,662 Has. en las medidas de la época, lo cual se encuentra plenamente comprobado por el estudio paleográfico realizado al respecto. El uso y abuso que el Gobierno Federal efectuó sobre disposiciones de ocupación autoritaria, basadas en "Decretos Presidenciales" no merma los derechos de posesión, toda vez que no prescriben por ejercicio autoritario de los gobernantes. Perdón por el apasionamiento, pero no pude retener el uso de la pluma para demostrar estos hechos, más aún cuando hoy por decisión gubernamental se pretende construir un aeropuerto en estos terrenos y por supuesto no está en sus proyecciones cubrir el costo de la tierra a sus legítimos dueños.
    Atte. Frank Agil

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