viernes, 24 de marzo de 2017

El centro-norte de México y la presencia del pueblo Chichimeca

  Hace poco alguien dijo que yo no escribo, sino que escribo para leer. El comentario me pareció poco claro y entendí que quien lo dijo no me entiende o sólo vio una o dos de mis publicaciones. Por si acaso lee esto que hoy comparto agregaré a su comentario que yo sí escribo y que también transcribo pues bien puedo dar mi punto de vista sobre tal o cual tema, pero, en este mundo que se me (nos) abrió con la implementación de las bibliotecas digitalizadas bien podría dar el enlace a la obra, pero, en aras de eficientar el tiempo al lector solo transcribo y, más importante aún, comparto lo que creo es interesante y se relaciona con los temas que trato en El Bable. Dicho lo anterior, pasemos a la lectura de hoy, asociada a Chichimecas.

  “El área Norte-Centro comprende básicamente el altiplano con exclusión del Valle de México. Asimismo, se excluye el actual estado de Michoacán, tierra de los tarascos, que se resistieron con éxito a la expansión azteca. Excepción en el paisaje árido y desolador del altiplano es la región del Bajío, a caballo entre el norte de Michoacán y el sureste de Guanajuato, una cuenca fértil cruzada por el Lerma y sus afluentes. El Bajío, sin embargo, esa tierra chichimeca para los tarascos. Igualmente, fue en los primeros años frontera de guerra para los españoles, que fundaron presidios y ciudades, para proteger el camino a las minas del norte. Más allá del Bajío se extiende la tierra seca e interminable de la Mesa del Norte.

  El Norte-Centro de México coincide bastante con los reinos o provincias de Nueva Galicia y Nueva Vizcaya. Fue “la tierra de guerra” por antonomasia, el escenario de los primeros descubrimientos de mineral de plata y de las rebeliones más numerosas y violentas.

  "Los cuatro grupos indígenas principales de la Gran Chichimeca, según la delimitación de Powell, eran los pames, guamares, zacatecos y guachichiles. Los pames eran los menos belicosos y los más próximos a la ciudad de México aunque esencialmente nómadas habían adquirido de los otomíes algunos rasgos culturales que los diferenciaban de sus vecinos. En los primeros años, tras los descubrimientos de plata en Zacatecas, se limitaron al robo de ganado respetando generalmente la vida de los españoles. En la década de 1570 se hicieron más belicosos causando muertes e incendios en gran escala. Los guamares se centraban en la sierra de Guanajuato, pero llegaban por el norte hasta San Felipe (Guanajuato), por el este casi hasta Querétaro, a veces tan al sur como el río Lerma, y por el noroeste hasta Aguascalientes. Según las fuentes españolas, formaban una especie de confederación intertribal y estaban considerados como los más valientes, belicosos y traidores de todos los chichimecas, aunque estos calificativos los aplicaban los españoles a todas las tribus chichimecas. Los zacatecos eran más próximos a las nuevas minas de plata, su territorio se solapaba con el de guachichiles y tepehuanes, vagaban en contacto con los irritas. Los zacatecos eran nómadas en su mayoría, valientes y temidos por otras tribus. Los guachichiles ocupaban más territorio que cualquiera de sus vecinos, eran especialmente belicosos y valientes, y se movían desde Saltillo, en el norte, hasta San Felipe al sur, y desde la división de la Sierra Madre Oriental hasta la ciudad de Zacatecas. Su principal centro era el Tunal Grande, la comarca donde se fundaría San Luis Potosí. La situación al norte de guachichiles y zacatecos era especialmente confusa en el siglo XVI. Las lenguas recogidas por las fuentes son tantas que la gran mayoría debieron ser dialectos cuyos nombres servían para denominar “naciones”, según la terminología de los españoles, aunque apenas se diferenciaban entre sí por su cultura. Algunos de estos grupos eran los laguneros, tobosos, cacaxtes, conchos, chisos. Muy al norte sobrepasando los límites de Chihuahua, estaban jumantos, sumas, mansos, janos y jacomes.

  Las semejanzas en la economía y organización social de los chichimecas permiten una descripción general a pesar de su amplia distribución geográfica. Vivían desnudos o apenas se cubrían con algunas pequeñas prendas hechas de piel. Hombres y mujeres llevaban el cabello largo, hasta la cintura. La pintura y el tatuaje servían para distinguir una tribu de otras, y a veces los hombres de las mujeres. Se cobijaban en cuevas o en simples chozas de materia vegetal. Se alimentaban de tunas, mezquite, bellotas, raíces y semillas de caza y algo de pesca. Todo lo aprovechaban, desde gusanos, serpientes y ratas hasta ranas, conejos, venados y aves. A su tiempo, incluyeron en su dieta la mula, el caballo y el ganado que habían introducido los españoles. El jugo del agave sustituía al agua en caso de necesidad. Prestaban alguna forma de culto a los astros, a deidades animales y a ciertos árboles y hierbas. El ritual  religioso se aplicaba a los muertos, a los cautivos y a un cierto canibalismo. La organización social no iba más allá de la tribu, generalmente más pequeña en el norte del área que en el sur. La familia y la ranchería eran unidades básicas, predominando la poligamia en el norte, y la monogamia en el sur. La presencia de los españoles y de los indios sedentarios fortaleció la cohesión social y favoreció al acercamiento entre algunas tribus contra un enemigo común” (1).


Fuente:

Jiménez, Alfredo. El gran norte de México: Una frontera imperial en la Nueva España 1540-1820. Editorial Tebar. Madrid, 2006. pp. 83-86


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