viernes, 12 de diciembre de 2014

El Diseño de Guadalupe, Maravilla Americana, la descripción de Miguel Cabrera en 1756

   Esta imagen la logré hace poco que tuve la oportunidad de ir a inspeccionar, más que a visitar la Villa de Guadalupe, cosa que, absolutamente, recomiendo a todos, especialmente para admirar el arte que allí existe, y si aunamos a ese arte de escuela, el arte popular no se queda nada atrás. Y hablando de ese arte, de de caballete, esta vez recurrimos a uno de los textos más interesantes, creo yo, que nos detallan lo que un pintor vio al analizar eso que conocemos por "el ayate de Juan Diego", se trata del de Miguel Cabrera, pintor novohispano que tuvo el privilegio de ser designado a elaborar las primeras tres copias "oficiales" de la imagen guadalupana, una para el Arzobispo, otra para el Papa y la tercera, para él. Por ese hecho Cabrera se colocó a la cabeza de todos los pintores novohispanos, más aun, luego de publicar su concienzudo análisis de la pintura visto con ojos de pintor pero, más aun, de pintor fiel creyente y practicante del catolicismo.

   Creo que dejé toda la ortografía original, el uso de la x en lugar de la j me parece encantador; el modo en el que Cabrera se expresa de los prodigios nos deja ver su profunda religiosidad, y al leerlo con calma, voy descubriendo detalles que me habían pasado desapercibidos como la del "ocho" que dice hay en la parte baja y que aun no logro identificar, o, más aun, la aclaración de que las alas del ángel son verde azulado-amarillo-rojo y no verde-blanco-rojo como siempre he afirmado. Lo de la corona, la cual, nunca había notado. Es bueno puntualizar la fecha en que se publicó este estudio: 1756 pues, dos años antes, en 1754 el papa en turno, Benedicto XIV, otorgó el oficio propio a Guadalupe (de México), esto quiere decir que  le fue asignada una misa particular para en la fecha (que de acuerdo a la tradición) sucedió el llamado "milagro de las rosas" y, se dice, que cuando el papa vio la imagen de Guadalupe que le fue enviada al Vaticano, (que era una de las tres copias de Cabrera), fue cuando pronunció aquello del Salmo 147:20 del non fecit tallier in omni nationi. La pintura mencionada comenzó a ejecutarse en 1571 y, entre otras cosas, esto es lo que Cabrera escribió luego de varios años de observación concienzuda con ojos de pintor y de fiel cristiano:

   "Tiene pues, el portentoso lienzo en toda su altura dos varas, y un doceavo: y de ancho poco más de vara, y quarta; y este alto, y ancho hacen los dos lienzos añadidos (...) Es la sagrada, y bien dispuesta Estatura de nuestra Reyna, de los tamaños, y proporciones, que diximos hablando de su dibujo: referente a su Retrato la edad de catorce o quinze años, como también queda dicho; con que solo nos resta en este Diseñodar señas individuales de nuestra maravillosa imagen.

   "En su amabilísimo rostro de tal contextura; que ni es delgado, ni grueso; concurren en él aquellas partes de que se compone una buena Pintura, como son hermosura, suavidad, y relieve. Dexante veer en él unos perfiles en los Ojos, Nariz, y Boca tan dibujados (esto es con tal arte) que sin agravio de las tres partes dichas, le agregan tal belleza, que arrebata los corazones a quantos logran veerle. La frente es bien proporcionada, a la que le causa el pelo, que es negro, especial hermosura, aun estando en aquel modo sencillo, que nos dicen, usaban las indias nobles en este Reyno. Las Cejas son delgadas y no rectas; los Ojos baxos, y como de Paloma tan apacibles, y amables, que causa el veerlos. La Nariz es bella y correspondiente proporción con las demás partes es linda. La Boca es una maravilla: tiene los Labios muy delgados, y el inferior, o por contingencia, o misteriosamente le cayó en una marra, o nudo del Ayate, que elevándolo un tanto le da gracia, que como que se sonríe embeleza.

"La Barba corresponde con igualdad a tanta belleza, y hermosura. Las mejillas sonrosean: y el colorido es poco más moreno, que el de perla. La Garganta es redonda, y muy perfecta: y en fin es este benéfico Rostro un compendio de perfecciones, pues aquella amabilidad atractiva tan respetable, que se experimenta al verla, creo que resultaba de aquel conjunto de Divinas perfecciones, que en él residen.

   "Pisa perpendicularmente toda su delicada Estatura en el Pie derecho, que asienta sobre la luna, la que es de color tierra obscura, con las puntas, o extremos para arriba. Está terciado, o inclinado con el sagrado Rostro todo su cuerpo sobre el lado diestro. Tiene las delicadas Manos puestas, y arrimadas a el Pecho en ademán, o movimiento de quien humildemente pide; y en la misma conformidad terciadas. La Túnica es rosada, y en donde le hiere la luz muy clara, y tan bellamente trabajados, o ejecutados sus trazos y cañones, que es admiración de los inteligentes. Tiene una abertura, o Medalla de Oro con sigo de la Santa Cruz hecha de color negro con mucho aseo; y desde aquí le fluye hasta las sagradas plantas, en donde airosamente descansa, despendiéndose un extremo, que recibe el Ángel (como después veremos). Está forrada como de felpa blanca, la que descubre en el Cuello de la Camisa, como los Puños; ya estos le agracian puntitas de Oro, que son diez en uno, y once en otro.

   "De el dorado de la Túnica, a mas de estar el oro bastantemente quaxado, ya diximos lo extraño de su dibujo; sobre el Pie derecho a poca distancia en el cañón principal, que descansa sobre él en una quiebra, que hace, tiene un número ocho índice a mi ver, con que nos acuerda, que su portentosa, y primera Aparición fue dentro de la Octava de su Concepción Purísima, de cuyo Misterio es la mas fiel y ajustada copia; sino es que diga, que este número nos quiere decir, que es la Octava Maravilla del Mundo.

   "Por cíngulo tiene otra cinta morada de dos dedos de ancho, que atada en medio de la cintura se le ven sueltos sus extremos. El Manto le cubre modestamente parte de la Cabeza, sobre el que tiene la Real Corona, que se compone de diez puntas, o Rayos: y desde aquí descendiendo por el lado derecho hasta descansar sobre la luna, descolgándose aun más abajo de ella el extremo de donde está asido el Ángel, que le sostiene; y por el otro lado lo tiene preso en el Brazo, y de ahí le baja, manifestándonos a poca distancia el forro, que es poco mas claro que el manto; y viene a terminar mas abaxo de el extremo de la luna, y lo demás se oculta tras de la Señora. Su color no es azul, como se ha pintado; sino de un color, que ni bien es perfectamente verde, ni azul, sino un agradable medio entre estos dos colores, como ya dixe.

   Sírvenle de bien concentrado adorno, quarenta y seis estrellas: veinte por el lado diestro, y por el otro veinte y quatro las que en orden colocadas forman cada quatro de ellas una cruz; y en este modo unas con otras llenan vistosamente el precioso Manto, a excepción del forro, que no tiene ninguna.

   "A mas de la luna tiene por trono de sus Sagradas Plantas un ángel, que manifiesta bastantemente en su tierno semblante la alegría reverente, con que sirve a su Reyna. Tiene inclinada la Cabeza sobre su lado izquierdo y se deja ver hasta mas abaxo de el Pecho. La Túnica, de que se viste, es rosada, a la que abrocha el Cuello un botón amarillo (no de Oro como se ha hecho). Ya dixe hablando de Nuestra Señora, que por este lado se le desprende la fimbria de la Túnica, y por el derecho la de el Manto, y de estos dos extremos está asido el hermoso Atlante, cargando sobre su cabeza: y en el encuentro de la ala izquierda la luna sobre quien pisa María Santísima cuyo calzado es de color amarillo-obscuro. Está este glorioso Espíritu en ademán, o movimiento de quien acaba de volar, y esto se conoce no solo en la actitud, o movimiento, que nos representa el dibujo; sino también en las alas que ya suspendió su vuelo; también lo da a entender el que no carga con la ala derecha para sostener. Tiénelas matizadas en un modo, que hasta ahora no se ha visto ejecutado por Pintor alguno; porque las plumas de una, y otra, se dividen en tres clases y ordenes de manera, que los dos encuentros son de un azul finísimo, a que se sigue un orden de plumas amarillas, y las del tercero orden encarnadas, aunque estos colores no son tan vivos, o subidos, como suelen pintarlos.

   "Tiene por respaldo nuestra Guadalupana Reyna un Sol, que hermosamente la rodea el que se compone de ciento y veinte y nueve Rayos: setenta y dos por el lado derecho, y setenta y siete por el siniestro tan lucidos, y tan bien ejecutados que da que admirar su buena disposición. Hay igual distancia entre unos, y otros, son unos un tanto cuanto serpeados, como que centellean; y los otros restos, están colocados en éste orden, uno recto, y otro serpeado. Sírvele de fondo a este luminar el campo, que se deja ver entre sus Rayos en un modo estraño.; porque en el contorno de la Señora tan blanco que parece estar reverbereando. A este se introduce un color amarillo algo ceniciento, y se concluye por el contorno de nubes con un colorido poco mas baxo, que roxo; terminan los Rayos en punta hasta casi tocar en las nubes, y están haciendo un rompimiento le forman a nuestra Reyna un nicho, y orla, en cuyo centro está colocada su Real Persona". (1)

   Las imágenes que ahora estas viendo, las fui tomando a lo largo de este 2014 en distintos pueblos y ciudades de la República Méxicana, imagen que es, definitivamente, la más reproducida, reconocida, y siempre presente: la de Santa María de Guadalupe de México.






















Fuente:

1.- Cabrera, Miguel. Maravilla Americana, y conjunto de raras maravillas, observadas con la dirección de las reglas de el Arte de la Pintura en la Prodigiosa Imagen de Nuestra Señora de Guadalupe de México. Imprenta Real y más antiguo colegio de San Ildefonso. México, 1756. pp.23-27.

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