domingo, 5 de agosto de 2018

El Ferrocarril Mexicano. Quinta Parte. Maltrata hasta Boca del Monte

  Al trasponer los pavorosos voladeros del Infiernillo el ánimo recobra su alegría ante el hermoso panorama que desarrolla el pintoresco valle de Maltrata. Ora se dilate la vista por las planicies, ora se fije en las eminencias que las circundan, por donde quiera encuentra nuevos atractivos. Tendida la vía férrea en tan amenos lugares, descúbrese como una enorme serpiente que así se arrastra por las verdes campiñas como se enrosca en las alturas, comprimiendo con sus vértebras de hierro las vertientes de las montañas.

  Después de recorrer una curva de 183 metros de radio se llega á la estación de Maltrata, que se asienta al Oriente del pueblo del mismo nombre, á 152 kilómetros de Veracruz y 1,692 metros de elevación sobre el mar. Los vientos apacibles propios de esta zona templada, la presencia de las montañas, cuyas boscosas vertientes convergen hacia un punto central del valle, y las esmaltadas llanuras fecundizadas por varios manantiales que en su curso van á regar los campos del Encinal, todo contribuye á hacer muy agradable la corta permanencia del viajero en la estación. Admírale, entre todos los panoramas, esa sucesión de eminencias que comienzan hacia el Norte en extensas colinas y rematan en escabrosas cumbres, entre las cuales se eleva predominante, alcanzando una altura de 5,295 metros, la hermosísima cúspide del Citlaltepetl.

  Si el nombre de estrella brillante, que aquel vocablo significa, conviene tanto á esa cima, por descubrirse desde el mar como un astro que fulgura en el Ocaso, las condiciones bajo las cuales se observa desde Maltrata lo justifican plenamente. Los accidentes de la cumbre modifican la intensidad del brillo de la nieve, viéndose opaca en las hondonadas y en extremo radiante en las estrechas y divergentes eminencias, cual si fuesen los destellos naturales de una estrella. El cuadro adquiere su mayor hermosura si el observador se fija en el notable contraste que ofrece ese foco de luz y brillantez con la espesura de los bosques que revisten las demás alturas, y en las cuales predominan los pinus ú ocotes, siempre verdes, con sus hacesillos fibrosos y flotantes, el pinus religiosa ú oyametl, de gallarda y cónica forma, y los cupressus thuyoide ó cedros blancos, con su tendido ramaje de menudas y resistentes hojas.

  El desmonte llevado á efecto en determinados lugares para la regularidad de los atierres, los tajos abiertos que por todas partes dejan descubrir la roca caliza, y los puentes de fierro sustentados en las alturas de las barrancas, todo en su conjunto permite distinguir netamente el trazo uniforme de la vía, cuya inclinación es regularmente de 4 por ciento. Imposible parece que la locomotora, desde las primeras alturas hasta las eminencias próximas á Boca del Monte, pueda efectuar su ascensión salvando una altura de 700 metros en menos de 8 kilómetros de recta distancia ó 20 de desarrollo.

  Descúbrense por todas partes indicios de las difíciles y costosas obras que hubieron de emprenderse para el establecimiento de la vía férrea; ora son colinas y cerros divididos, ora barrancos henchidos de cascajo procedente de las eminencias perforadas y no arrastrado aún por el agua. Observando el conjunto panorámico de las cumbres, unas veces se perciben las lóbregas bocas de los túneles, armonizando con el aspecto sombrío de las selvas, y otras los viaductos sostenidos en las barrancas por pilares que surgen de los hondos precipicios.

  La perspectiva hace perder las ondulaciones de la vía, la cual solo aparece proyectada en línea oblicua; mas si el viajero desea adquirir anticipadamente una idea de la irregularidad de esa línea, debe permanecer en Maltrata y observar el movimiento del tren en toda ella. Desde que la locomotiva, seguida de sus carros, penetra en las sinuosidades poco sensibles de la Bota, empieza á recorrer curvas, ocultándose tras de los crestones de basalto y presentándose de nuevo en las cañadas y terraplenes: supónesela muchas veces lejana, y se la mira aparecer en un mismo lugar caminando en dirección contraria, dando á veces indicio de su trayecto el humo que despide la chimenea.

  Ya en las alturas, su movimiento causa el mayor asombro, viéndola tan pronto recorrer las partes prominentes de las colinas, como internarse por las pendientes de estas hácia la estrechura de las barrancas, trasponiendo aquí un aéreo viaducto y saliendo allá de un túnel para penetrar en otro. La imaginación no puede concebir una idea más grandiosa que la que nos representa el ascenso de la locomotora invadiendo la morada de las águilas, y dejando en el camino recorrido una estela humeante que poco á poco se disipa entre el verde follaje de los bosques.

  Las eminencias de la Bota, lugar llamado así por la figura que representa la proyección horizontal de la vía, constituyen los primeros escalones para ascender á Boca del Monte. Los accidentes del terreno son tales, que no dejan contemplar por mucho tiempo un mismo panorama: á cada salida de un túnel, á cada paso por una barranca, á cada inflexión por aquel laberinto, un paisaje sucede á otro, viéndose en lontananza como al través de un leve crespón, ora una cañada apacible que desemboca en la retirada llanura, cuyos términos se pierden entre las brumas, ora montañas inaccesibles engalanadas con el tupido follaje de lospinus religiosa, que se escalonan desde el pie de las vertientes hasta las cumbres, sobre las cuales asoman los lejanos y azulados picos de la cordillera.

  Alternativamente las nubes preparan y producen las mayores sorpresas, extendiéndose por los montes 6 sobre la campiña, y disipándose o elevándose á mayores alturas, interceptando primero los más hermosos paisajes,  descubriéndolos después súbitamente.

  Si el aspecto de las montañas, vistas desde Maltrata, es halagador, la perspectiva de las campiñas, observadas desde las alturas, seducen verdaderamente. Abrázase con una sola mirada y entre las ondas azuladas del aire interpuesto, todo el conjunto panorámico del valle, cuyos planes se ven graciosamente engalanados por la mano maestra de la naturaleza, siendo todo allí bello y armonioso. Vivamente impresionada la vista por el verde brillante de los prados, que se confunden con las faldas de los montes, busca y encuentra luego su reposo en el aspecto sombrío de las tierras removidas: las labores, acotadas con árboles frutales, se ven salpicadas por el variado color de las hortalizas, contrastando los verdinegros y simétricos sembrados del maíz con los irregulares y violados de otras plantas, y resaltando en unas épocas el verde esmeralda ele la cebada tierna, y en otras los dorados reflejos de sus espigas. La distancia hace perder la forma de las plantas, que tan solo impresionan por su variado colorido, viéndose levantar la iglesia parroquial y el rústico caserío de Maltrata sobre una verdadera alfombra ricamente bordada, así como algunos monumentos piramidales, restos de la antigua civilización indígena, sobre el verde tapiz de la pradera.

  Desde las primeras eminencias volcánicas de la Bota hasta Boca del Monte, las obras de arte se multiplican, contándose, además de los tajos, terraplenes y numerosas obras de menor importancia, cinco viaductos y diez túneles, que por su orden son los siguientes:

  Puente de fierro de la Bota,—A 11 kilómetros 374 metros de Maltrata: consta de dos claros de 12,20 m. cada uno y 9,75 de altura. A este puente sigue un gran talud llamado de Deadman, del nombre del primer operario que en el trabajó, y se halla situado en el mismo tramo de la Bota á poco más de un kilómetro del puente: mide 24 metros de altura y 37,648 metros cúbicos.

Túnel núm. 11.—De 82,31 m. de longitud, cuyo radio de curvatura es de 107 metros sobre una pendiente de 4 por ciento. 
Puente de fierro de las Cumbres.—De dos claros, de 24,40 m de longitud y 9,14 m de altura, con la misma pendiente.
Túnel núm. 12.—De 48,78 y de la misma pendiente y radio de curvatura que el anterior.
Puente de fierro de tres claros.—De 30,50 m de longitud y 9,14 m de altura.
Túnel núm. 13.—De 106 metros de radio y menor curvatura.
Túnel núm. 14.—Este túnel tiene una longitud de 129 metros y se halla abierto en uno de los espinazos de la montaña, comprendido entre las dos barrancas gemelas. Sálvanse estas por medio de terraplenes hechos con los escombros procedentes del mismo túnel y de una profunda excavación practicada á la salida de el.
Puente de fierro de tres claros.—De 30,50 m de longitud y 6,10 m de altura.
Túnel núm. 15.—De 51,52 m de longitud, y de pendiente y curva iguales á los anteriores.

 Gran puente de Wimer. —Situado á 16 kilómetros de Maltrata, de cinco claros, 85,36 m de longitud y 39,36 m de altura. Hállase construido sobre una profundísima barranca á la salida del túnel núm. 15. Cuatro machones de fierro y estribos de mampostería sostienen este puente, uno de los más hermosos de la vía. Antes de llegar al puente, las arboledas y los crestones que los desatierres han dejado en pie sobre los desfiladeros de la montaña, ocultan los precipicios, alejando de la mente toda idea siniestra.

  En esta hermosísima región de los pinos se admiran los corpulentos y gallardos ocotes, que esparcen por todas partes su aroma penetrante y hacen susurrar el viento, herido por sus fibrosos follajes, susurro que el distraído viajero confunde inconscientemente con el eco de algún torrente cercano ó con los lejanos retumbos del mar. Pero desde el momento en que se sale del túnel y se empieza á recorrer el atrevido viaducto, todas las bellezas naturales desaparecen en presencia de un horrendo abismo que se abre bajo los pies del espectador. Sobrecogido este de terror dominando aquella inmensa profundidad, y desde el tren, que con sus plataformas oculta el mismo puente, no ve sino pendientes inaccesibles y descarnadas y la obra devastadora de-los torrentes periódicos. Las sublimes obras del Hacedor divino y las asombrosas concepciones de la inteligencia humana &'ó adunan en estos lugares para conmover el ánimo y excitar las más vivas emociones.

  A la vista de aquel derrumbadero cesa la contemplación de las obras naturales, experimentándose tan solo esa sensación, afortunadamente pasajera, mezcla extraña de terror ó impulso temerario que se llama vértigo. Pronto el tren aparta de la vista del viajero aquella pavorosa barranca, y otros paisajes vienen de nuevo á tranquilizar su ánimo y dar pábulo á sus contemplaciones.

  Túnel num. 16.—Al llegar á este último túnel, de 45 metros de longitud, se salva un pequeño puente, con una pendiente de 4 por ciento; pendiente que continúa hasta el término de las cumbres, á las cuales de sorpresa en sorpresa asciende el viajero, pudiendo observar ya de cerca, por la configuración del terreno, las vertientes y cañadas de los contrafuertes, y apreciar la vegetación que las reviste. Al trasponer un tajo impensadamente, se encuentra en Boca del Monte, primera estación de la Mesa Central.

  
Fuente:

Álbum del ferrocarril mexicano. Colección de vistas pintadas del natural por Casimiro Castro y ejecutadas en cosmo-litografía por A. Sigogne. Con su región del camino y las regiones que recorre por Antonio García Cubas. Establecimiento Litográfico de Victor Debray y Cía. México, 1877. Las imágenes blanco y negro corresponden a la edición de Gallo y Compañía de 1874.

1 comentario:

  1. Maestro que buena descripcion y ni hablar de las fotos.

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